Ya hemos visto el barrio de la Ribera, el barrio de los pescadores. Ahora, qué menos, que hacer una parada para comer antes de visitar las Reales Atarazanas de Barcelona Si todo ha ido bien, debe ser poco más de la una del medio día, pues sólo hemos contabilizado el tiempo en los lugares de visita previstos. Por lo tanto, es hora de hacer una parada para un tentempié. Estamos en una zona fabulosa de Barcelona, así que paren en cualquier rincón y llénense el estómago. Porque la próxima parada es el Museo Marítimo y ahí acaba nuestro itinerario de mar.
Con Pedro III se inicia la construcción de un Atarazana Real -aunque parece que Jaime I inició un proyecto similar- con la idea de construir, reparar y mantener los barcos que se utilizaban para comerciar por el Mediterráneo al oeste de la Rambla, que más tarde quedaría cubierto. Pedro el Ceremonioso, conocido también como el rey constructor, le dio el impulso decisivo en el s. XIII y así ha llegado a nuestros días, como el Museo Marítimo de Barcelona. Al final se levantaron naves que fueron ampliadas hasta el s. XV en la zona que recibe el nombre de Drassanes, precisamente por el custodio, que guardaba el edificio. Sufriría distintas ampliaciones y usos, sobre todo tras la guerra de Sucesión: se transformó en cuartel de artillería hasta más o menos 1930.
En 1936 dió comienzo la restauración y el alojo del museo en su interior, que abrió sus puertas en 1941.
Tiempo previsto: 1 hora 30 min